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¡Bienvenidos amigos a esta web! En ella encontraréis la ilusión y la esperanza de un pequeño grupo que quiere seguir al Señor. No, no somos muchos; tampoco somos los mejores, pero nos sentimos llamados por Jesús a “estar” con Él, para aprender de Él y para poder continuar con su misión…(1); “la vocación sacerdotal es un don de Dios, que constituye ciertamente un gran bien para quien es su primer destinatario. Pero es también un don para toda la Iglesia, un bien para su vida y misión. Por eso la Iglesia está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo”(2).
“El seminarista vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos definir de “enamoramiento”. Su corazón, henchido de asombro, le hace decir en la oración: Señor, ¿por qué precisamente a mí? Pero el amor no tiene un “porqué”, es un don gratuito al que se responde con la entrega de sí mismo”(3). Cierta cultura de nuestro tiempo pone en duda todos los valores absolutos e incluso la posibilidad de conocer la verdad y el bien. Por eso, es necesario testimoniar la presencia de Dios, de un Dios que comprenda al hombre y sepa hablar a su corazón. “La tarea de los futuros sacerdotes consistirá en proclamar con vuestro modo de vivir, antes que con vuestras palabras, el anuncio gozoso y consolador del Evangelio del amor en ambientes a veces muy alejados de la experiencia cristiana”(4). Con vistas a esta importante misión que los sacerdotes están llamados a realizar en la Iglesia, el tiempo del Seminario es el apropiado para la búsqueda constante de una relación personal con Jesús, una experiencia íntima de su amor, que se adquiere sobre todo a través de la oración y el contacto con la Sagradas Escrituras, leídas, interpretadas y meditadas en la fe de la comunidad eclesial(5). Nuestros seminaristas han de crecer armónicamente en las tres dimensiones básicas de toda persona: formación humana, formación espiritual, formación intelectual. Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo sólo nos piden que seamos sacerdotes de verdad y nada más. Los fieles laicos encontrarán en muchas otras personas aquello que humanamente necesitan, pero sólo en el sacerdote podrán encontrar las Palabras de Dios; la misericordia del Padre, abundante y gratuitamente dada en el sacramento de la Reconciliación; y el Pan de vida nueva, “alimento verdadero dado a los hombres”(6). El Papa Benedicto XVI, nuestro obispo D. Julián, todos los sacerdotes, el Seminario y las comunidades cristianas oramos ya por todos los que estáis llamados a seguir al Señor en esta hermosa vocación sacerdotal, sed valientes y generosos en la respuesta. ¡Os esperamos! 1 cf. Mc 3, 13-15 2 Pastores dabo vobis nº 41 3 BENEDICTO XVI, Encuentro con los SEMINARISTAS, Colonia, 19 de agosto de 2005 4 BENEDICTO XVI, Discurso a los alumnos de la Academia Eclesiástica Pontificia, Roma 9 de junio de 2008 5 Cf. BENEDICTO XVI, Discurso a un grupo de seminaristas italianos, Roma 29 de noviembre de 2008 6 Cf. BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en un Congreso organizado por la Congregación para el Clero, Roma 12 de marzo de 2010
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