Historia

 Cuadro de texto: 	La Iglesia de Huesca en el siglo XVI

             Es obvio que sólo una élite del clero podía seguir los cursos universitarios: los hijos de padres pudientes, los clérigos beneficiados con dispensa de residencia y los religiosos. De ahí que la realidad distinguiera entre una minoría clerical ilustrada y una mayoría con escasa instrucción, constituida principalmente por el clero rural.

             El largo pontificado del Obispo Juan de Aragón y Navarra (1484 – 1526), fue durante el cual al Universidad de Huesca se consolidó económicamente, gracias a la aportación de rentas eclesiásticas, que propició el florecimiento de sus cinco facultades.

             En 1545 ocupó la sede oscense el obispo Pedro Agustín, coincidiendo durante su pontificado la celebración del Concilio de Trento (1545 – 1563), a la totalidad de cuyas sesiones asistió. Decidido a ejecutar las decretos conciliares, comenzó una fuerte reforma de la Iglesia oscense, entre otras acciones planeó la fundación del Seminario de Huesca y la reforma de la Universidad, para la que obtuvo del Papa Pío V en 1571 la aplicación de nuevas rentas eclesiásticas, provenientes de la abadía de Montearagón.

             Sucedió al obispo Pedro Agustín, Diego de Arnedo en 1572, natural de Huesca, hombre de confianza de Felipe II y un carácter excesivamente fuerte. Las diferencias con el cabildo esterilizaron su corto pontificado en la propia ciudad natal.

             EL SEMINARIO DE LA SANTA CRUZ DE HUESCA

             La erección del Seminario

             En una ciudad universitaria como Huesca el Seminario se concebiría no según el trazado tridentino, sino como colegio mayor adscrito a la Universidad, con la misión de facilitar el acceso de los clérigos pobres con vocación eclesiástica a las facultades de Artes o Filosofía, Teología y Cánones.

             El Seminario de Huesca, uno de los más antiguos de España, fue erigido por la bula “Sacrosancta Romana Ecclesia”, expedida por el papa Pío V en Roma el 18 de junio de 1571, en la que se asigna al nuevo centro de formación eclesiástica una sede y la imprescindible base económica.           Pío V creó el colegio mayor de estudiantes benedictinos y reforzó la economía del colegio mayor de Santiago.

             El colegio Mayor de Santiago fue fundado por el maestro Berenguer de San Vicente, natural de Huesca y canónigo de la catedral, el 23 de noviembre de 1534. En un principio destinado a sustentar a trece clérigos estudiantes de Teología, becarios dos teólogos, diez bachilleres en Leyes o Cánones y uno en Medicina, los cuales habían de ser aragoneses y, con preferencia, naturales de Huesca.

             Del texto de la bula parece desprenderse que el papa al erigirlo, no concibió el Seminario oscense como colegio universitario, sino según las directrices tridentinas, independiente de la Universidad y dedicado solamente a la formación de clérigos pobres, que cursarían un plan señalado por aquél, con el fin de adquirir unos conocimientos mínimos para el desempeño de la misión pastoral del sacerdote. Sin embargo, el proceso fundacional acabó por convertir el Seminario en colegio Mayor de la Universidad Oscense.

             Después de la muerte del obispo Pedro Agustín y el nombramiento para la sede oscense del obispo de Mallorca, Diego de Arnedo, los comisarios apostólicos, los canónigos Juan de Brusca, arcediano de Orihuela y Carlos Muñoz Serrano, de Tarazona, instalando su tribunal en el claustro de San Pedro el Viejo el 11 de diciembre de 1572, ejecutaron la bula de Pio V en cuanto a la nueva delimitación del obispado y redotación de las dignidades eclesiásticas de Huesca, dejando sin tocar lo referente al Seminario.

             El corto pontificado del obispo Arnedo y la vacante de tres años que produjo su muerte, olvidaron la cuestión del Seminario tridentino, que no se puso en marcha hasta 1580.

             El Seminario Oscense tiene por fundador a D. Pedro del Fago. Éste asistió al segundo periodo del Concilio de Trento como teólogo y al tercero como Padre conciliar. Además de buen teólogo, “era muy versado en lenguas latina, griega y hebrea y en todo género de letras humanas”[1].

             No se conserva documento fundacional alguno, pero consta que en febrero de 1580 está ya en funcionamiento el Seminario. El Obispo, implicó en el régimen del seminario al cabildo oscense, con el que convino solemnemente, mediante juramento, el 10 de junio de 1580, que el Obispo y canónigos en adelante se alternarían en el nombramiento de seminaristas becarios, pero finalmente dictamino (tras consultar a Roma y ser dispensado del juramento) el régimen disciplinario y administrativo del Seminario correspondía plenamente al Obispo, aunque con el consejo de dos canónigos, que no le obligaba necesariamente.

             A partir del curso 1579 – 1580 el Seminario se había establecido en la iglesia de la Santa Cruz y casa de Montearagón, recibiendo los primeros estatutos, dictados por el propio obispo Frago. Sin duda, durante los primeros años la financiación correría a cargo del Obispo, ya que no se había procedido aún a la ejecución de la bula de Pío V. Ejecución que no se realizó hasta el 10 de junio de 1589.

             El Seminario fue diseñado no como centro independiente de la Universidad y puesto bajo la dirección del Obispo, en el que se impartiera la enseñanza eclesiástica señalada por el Concilio de Trento, sino como colegio mayor universitario, cuyos becarios asistían regularmente a las clases de las facultades de Artes, Teología y Cánones, en las que aspiraban a graduarse. Eran excluidos los estudiantes de Derecho y Medicina, aunque fueran clérigos.

             El título oficial que se le dio fue: Colegio de la Santa Cruz, Seminario de Huesca. Colegio, por su adscripción a la Universidad de Santa Cruz, por la titularidad de la iglesia montearagonesa de la Zuda, convertida en su sede y Seminario, por la finalidad especifica que le diferenciaba de los otros colegios universitarios.

Los colegiales disfrutaban de beca, elegidos por el Obispo, previo examen. Beca que les daba derecho a manutención, habitación, vestuario –sotanillas y lobas- tocado –bonete- (conforme a las maneras de la época , el Colegio de la Santa Cruz tenía su hábito propio: loba larga y talar de color morado con mangas también moradas, cuello blanco y bonete eclesiástico) y asistencia médica. Su número oscilaba entre quince y veinte, según las posibilidades dinerarias y de local. Habían de ser necesariamente de Huesca o de parroquias de la diócesis y residían en el seminario durante seis u ocho años.

Durante los siglos XVII Y XVIII, hasta el año 1834, el Seminario oscense se mantiene inalterable, fiel a su estructura, diseñada en la última década del XVI. Con los estatutos de 1580 del Obispo  Frago, se erigió el Seminario durante esta época.

EL SEMINARIO SANTA CRUZ DE HUESCA

INTRODUCCIÓN

La Universidad Sertoriana

             Es bastante frecuente, sobre todo el siglo XIII, encontrar constancia documental de canónigos de Huesca y de Montearagón que no sabían escribir. El Cabildo oscense creyó descubrir que la causa del descenso cultural de la canónica se debía a las     estrécheces de la vida regular, que no atraía a clérigos nobles, ni ilustrados. De ahí que se empeñara en conseguir la secularización del cabildo que, a pesar de la  oposición de la ciudad y del bajo clero, se consiguió a principios del siglo XIV.

                          La formación del clero, más que obedecer a un plan de estudios determinados, se parecía más bien a un aprendizaje práctico en cada Iglesia local, que integraba un número determinado de clérigos – escolares de corta edad, según las posibilidades económicas de cada Iglesia. Era precario el latín que conocían y prácticamente nulos los conocimientos teológicos que poseían. Para acceder a las ordenes mayores, los candidatos eran examinados por los arciprestes y presentados por éstos a los arcedianos y al Obispo.

             En la provincia eclesiástica de Tarragona (a la cual pertenecía Huesca en esos siglos) se planteó el problema de la formación del clero en el Concilio de Lérida de 1229. Ésta asamblea episcopal decretó que además de las catedrales y monasterios, se estableciera en cada arcedianato, por lo menos, una escuela de gramática con sus maestros, de cuya creación y provisión había de cuidar el obispo diocesano.

             Desde la misma conquista de Huesca en 1096 por el rey Pedro I de Aragón y Navarra, en la catedral de esta ciudad funcionaba una escuela de artes, en la que se explicaba gramática, retórica y el tratado de consaolatione de Boecio, por un grupo de maestros presidido por el llamado magíster mayor, que debía tener el grado de doctor en medicina. Aunque, sobre todo a partir de la secularización del cabildo, no era raro el canónigo oscense que había estudiado teología, cánones o derecho civil en universidades europeas. La promoción de los estudios superiores no fue legalmente instituida hasta 1259, año en que se estatuyó capitularmente que recibieran la porción canonical íntegra  “tres o cuatro o más canónigos oscenses” durante sus estudios en alguna universidad con licencia del Obispo. 

             El vacío de los estudios eclesiásticos superiores de Huesca fue llenado con la fundación de la Universidad. En 1354 en la ciudad e Huesca, fue creado el Estudio General Oscense, por Pedro IV el Ceremonioso.  Pedro IV dispuso que contase con las facultades de teología, cánones, leyes medicina, artes y filosofía. El centro se cerró seguramente poco después de su fundación, debido a la grave crisis que sufría la ciudad de Huesca y a que tardó más de cien años en obtener la sanción papal. La Universidad oscense tuvo que ser refundada en 1465, año en que se obtuvo al fin el refrendo del Papa. Desde esta fecha hasta mediados del siglo XVI el centro funciona modestamente. Las reformas de Felipe II afianzaron definitivamente el Estudio aumentaron las rentas que se le destinaban, se contrataron a más profesores y creció el número de graduados. La Universidad funcionó de un modo casi interrumpido hasta su clausura en 1845.

Durante la mayor parte del siglo XVI no hubo un número fijo de cátedras en la facultad de teología variaba entre dos y cinco, según la disponibilidad de rentas o el número de estudiantes. Por ahora apenas se sabe con detalle qué materias se explicaba en ellas. Los Estatutos de 1599 – 1601 fijaron cinco: Prima, Vísperas, Escritura, Escoto y Durando. Los Estatutos de 1723 introdujeron algunas reformas en la facultad de teología. Se mantuvo el número y el nombre de las cátedras tal como se fijó en 1599 – 1601 y se suprimió la provisión de Durando. El tomismo ostentaba el máximo protagonismo. Más adelante también se enseñó la doctrina teológica de Suarez, hasta su supresión con la expulsión de los jesuitas durante el reinado de Carlos III. El plan de Largo Caballero de 1807 redujo el número de universidades a once y unificó todos los planes de estudio. El Plan de 1824 acentuó el poder del gobierno central sobre las universidades. Huesca perdió aquel año su facultad de medicina. El Estudio General fue cerrado en 1845 en virtud de la aplicación del Plan Pidal.

Cuadro de texto: El Seminario en el Siglo XVIII

[1] P. RAMÓN DE HUESCA, historiador de la iglesias aragonesas.

Cuadro de texto: Otra vez Colegio Universitario
Cuadro de texto: La revolución Burguesa
Cuadro de texto: El Obispo Onaindia

“LA MIES ES MUCHA, LOS OBREROS POCOS” Mt 9, 37

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